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Olladas das xentes que visitaron San Sadurniño e deixaron testemuñas en forma de textos, imaxes, pinturas ou filmes: visitantes senlleiros,

"Oda al Valle de San Saturnino"

San Sadurniño, 1888

No verán de 1888 o pedagogo coruñés Darío García Taboada (¿-5/9/1903) pasou varios días de vacacións na casa do seus amigos Alberto Blanco y Oleiro e Carmen Cabeza Cociña, matrimonio de mestres na escola de San Sadurniño. Nesta estadía compuxo o que supoñemos é o primeiro poema adicado ao noso concello do que teñamos noticia e quizais a orixe do clásico slogan de San Sadurniño: “A vila da tranquilidade”.

Darío García Taboada era mestre da Escola Superior de nenos da Coruña, profesor de caligrafía no Instituto, director dos xornais progresistas “El telegrama” e “El despertador”, ademais de poeta afeccionado. Estaba casado con Adelaida Ramírez López. O seu fillo Antonio García Ramírez e mais Casto Blanco Cabeza, fillo dos mestres de San Sadurniño, eran grandes amigos e foron os "inductores" da estadía do gran poeta salmantino José María Gabriel y Galán en San Sadurniño o ano seguinte, no verán de 1889. O poema foi o motivo inspirador do filme "O ollo cobizoso" de Lara e Noa Castro na 3º Chanfainalab.
Esta é a transcrición íntegra do poema escrito por Darío García Taboada:

“Oda al Valle de San Saturnino”. A mi querido amigo y compañero Alberto Blanco.
¡Riente valle de verdura henchido,
Do en plácido reposo
Gocé de la amistad gratos favores!
jMi acento conmovido
Quisiera tus espléndidos primores,
En plectro sonoroso.
Sublimar con galana poesía!

De los rudos embates de la vida
Mi espíritu cansado,
En las bellas florestas de la umbría
De tus gayos vergeles
Buscó solaz; y (el alma dolorida,
Y el pecho emocionado)

Al trasponer ¡oh valle! tus dinteles
Y al perderme en tu fronda galanura,
Dulcísimo suspiro,
Al ver tanta hermosura,
Exhaló, en la enramada
Que por doquier exhorna mi retiro,
El corazón ardiente.

Aquí, sorpreso el ánimo, respiro
El aura perfumada
Que, con alas de rosa,
Al orear suavísima mi frente,
Susurra melodiosa,
Y aleja de mi mente
Todo recuerdo de opresión odiosa

¡Oh! valle delicioso!
¡Cuán bellos panoramas
De tus cumbres alpinas,
Entre copudas y empinadas ramas,
Ve el ojo codicioso!

Hoy yacen en ruinas
De invasores osados
Los castros elevados
Que recuerdan al Celta y al Romano.
Los roqueros castillos.
Memoria de las eras que este suelo
En la turquesa de su férrea mano,
Con el rollo y los grillos,
A la plebeya gente
Llenaban de orfandad y eterno duelo,
¡Se hundieron en la noche del olvido!

De libertad el iris bendecido
Lanzó fulgores de encendida lumbre,
Y a este pueblo, que holló la servidumbre.
Hoy le atrae el sonido
De la alegre campana.
Que a la plegaria incita
De la gente cristiana,
Y en el tendido llano y en la cumbre
Vibra desde la ermita.

¡Qué bella se desliza
La tarde en las lozanas pomaradas
Que bordean los ríos
Y mansa el aura riza!
Y cabe de los sotos y robledas
Que no hieren los fríos
Ni el sol calcina con candente fuego,

¡Cuánta tranquilidad! ¡Cuánto sosiego!
Sencillos labradores
Habitan en las rústicas cabañas
De este valle frondoso,
Sin conocer del mundo la falsía,
Los crudos sinsabores,
Ni las ansias extrañas
Que nacen cada día,
Y al ánimo angustioso
Llevan gemidos de aflicción y duelo.

En el sereno cielo.
Ceñido por los montes
Que marco son de un cuadro reluciente,
Se retratan los puros horizontes,
La gala y la belleza,
Y el paisaje viviente
Do natura extremó su gentileza.

Aguas murmuradoras
De arroyos y torrentes
Que corréis fecundando la pradera,
lOh! cuán plácidas horas
Las linfas trasparentes,
Cuando el rayo de sol baña la esfera,
Correr vi enternecido!

¿Cómo olvidar podré la dulce calma
Que el techo hospitalario
De un amigo sincero y muy querido,
Ofreció con magnánima hidalguía
Al triste y enfermizo solitario
Que, dolorida el alma,
Llegó a su hogar en nebuloso día?

Salve ¡oh valle divino!
Tu recuerdo jamás de mi memoria
Podrá el hado extinguir.
Y si me envuelve bárbaro destino
En el confuso giro de pesares
Que en toda humana historia
Amargan la existencia;

Si su cruda violencia
Mis sienes llegan a herir,
Y en su revuelto piélago de azares
Despiadada inclemencia
Me impele hacia un asilo
Do busque les consuelos de la ciencia,
En ti, el pecho tranquilo,

¡Oh! valle deleitoso!
De mis dolores buscaré el reposo!

Darío García. San Saturnino, Agosto de 1888.
Na fotografía Val de San Sadurniño a primeiros do século XX

  • "Oda al Valle de San Saturnino"

  • Alberto Blanco Oleiros (Viladecruces 1835-San Sadurniño 14/4/1897). Mestre da escola de nenos de Sansa

  • Carmen Cabeza Cociña (Viveiro 1842- San Sadurniño 16/4/1898). Mestra da escola de nenas de Sansa

  • Necrolóxica do mestre Alberto Blanco 1897

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Temas: visitantes, poesía, San Sadurniño (Concello), patrimonios

Autor/a: Fálame

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